Sara B.

 
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Si algo tiene Sevilla es duende. Sólo así se explica que de un edificio abandonado pueda nacer una academia de flamenco. Que las botellas se vistan de lunares. Que los caballos esperen con sus mejores galas algún turista al que llevar hasta Triana. Y las sonrisas, que parecen flotar en el aire. El calor, el sol, los rebujitos. Y la pringá, claro está.

SEVILLA