Sara B.

 
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Donde el mar peina al viento. Y parece que, rebelde, se enfada. El oleaje golpea con rabia y la lluvia no cesa. Me calo hasta el último hueso. Me llueve hasta en el alma. O ya venía mojada de casa, tal vez. Camino sola por las calles de la ciudad. Tiovivos solitarios que esperan, resignados, a que escampe. Hojas marchitas que se saben acabadas. Bancos que parecen desafiar a tus pies cansados. Hortalizas mojadas, rojas como tus latidos, verdes como el olvido. Y San Sebastián me reconforta de algún modo. Me sacude, me sumerge, me mata. Y sigo caminando. Y entiendo lo que intenta decirme. Sonrío. Clic.

SAN SEBASTián