Sara B.

 
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Me pasó algo curioso durante aquel viaje a Roma. Pese a que era la tercera vez que visitaba la ciudad, me perdí de camino al Trastévere. Yo, que soy malísima con los mapas, saqué el que llevaba y me puse a darle vueltas desesperada tratando de ubicarme. Iba caminando al mismo tiempo, tratando de encontrar el nombre de la calle en la que estaba o alguna referencia que ayudara a encontrarme en aquel trozo de papel. Estaba tan concentrada en mi tarea que por poco me choco con una pared. Yo evité el golpe, pero la cámara que llevaba colgada al cuello no. No fue un gran impacto, pero si un pequeño roce que me preocupó. Para descartar que la cosa hubiera ido a mayores, hice un par de fotos. Lo que capturé me gustó, así que guardé el mapa y seguí haciendo fotos. De hecho, me olvidé por completo del mapa, de que estaba perdida y de que iba en busca del Trastévere porque lo que estaba viendo me tenía completamente fascinada. Alguna de las mejores fotos de ese viaje las hice gracias a que me perdí. Si no hubiera guardado el mapa, posiblemente jamás habría hecho aquellas fotos.

Roma